martes, 22 de febrero de 2011

Artículos publicados por Miembros del Directorio Nacional del Foro por la CTI

“Hora de la ciencia y la innovación” - Juan Incháustegui (Ex ministro de Energía y Minas)

Página Editorial de El Comercio, Miércoles 17 de Noviembre del 2010

La CADE en Urubamba, y la mucho menos notoria presentación del libro “Emergencia en ciencia, tecnología e innovación”, realizada en la misma semana, han servido –¡por fin!– para poner en el foco de la atención política y de la opinión pública ese tema crucial para el desarrollo nacional. El anuncio, además, de que la próxima CADE tendrá como tema la innovación es un avance realmente notable y esperanzador para el país. Ello servirá desde ya para registrar nuestra situación a la fecha y compararla con la del próximo año, y para tomar cuentas, entonces, a los nuevos gobernantes de cuán coherentes han sido con sus ofertas, y también para ver cuánto hemos hecho todos los peruanos en ese camino, que va quedando cada vez más claro, como el único que podrá conducirnos a un crecimiento con equidad, sostenible y creador de oportunidades para todos.

Pareciera, por tanto, que felizmente ya hemos superado la época en la que una propuesta electoral de aplicar como estrategia fundamental “la innovación permanente por la educación, la ciencia y la tecnología” como ofreció sin éxito Valentín Paniagua en las elecciones del 2006, ha quedado atrás, y que ahora sí nos vamos a encaminar por la ruta del esfuerzo sistemático y organizado, hacia el uso y desarrollo de esos factores por toda la sociedad. Enhorabuena y que esa sea una determinación consensual y firme por los próximos años. Y, por lo tanto, ahora nos corresponde a todos buscar los ‘cómos’ que nos lleven a resultados tangibles de tal determinación.

En esa línea, consideramos importante que ya se hayan propuesto acciones concretas, como repatriar científicos (o incluso importar extranjeros, porque los hay disponibles y con salarios alcanzables). Incrementar el número de científicos, doctores y especialistas hasta formar una masa crítica que genere conocimiento, tecnología y la innovación que necesitamos, articulándola –con una debida planificación– activa y eficazmente con los sectores productivos. Fortalecer los centros de innovación tecnológica (CITE) que ya tenemos y crear otros descentralizados orientados hacia las fortalezas de nuestro país. Apoyar a los gobiernos regionales para hacerlos capaces de aplicar los cuantiosos recursos que perciben del canon minero y gasífero, para investigación, en alianza con los CITE y con las empresas y las universidades. Proseguir con los nuevos programas de fondos concursables para ciencia, tecnología e innovación, tipo Fincyt y Fidecom. Aumentar las cátedras Concytec y establecer la acreditación de las universidades por entidades debidamente calificadas e independientes.

Pero es, sin duda, en la educación donde está la base de la revolución que se ha comentado y que se empieza a vislumbrar. Y en ella es particularmente importante la motivación hacia la ciencia y la tecnología, que desde la educación primaria debe implementarse. En ese tema existe un ejemplo notable y no muy conocido, que fue iniciativa de la Asociación Cultural Peruano-Británica y la Academia Peruana de Ingeniería, con apoyo de Tecsup, y que llamamos Tarpuy, que significa sembrar en quechua. Lo aplicó Fe y Alegría, con su proverbial eficiencia y capacidad, en sus colegios y ha llegado a ser un éxito total. Por él, los niños y jóvenes conocen, de modo experimental y casi lúdico, los principios fundamentales de la física, la química y la tecnología en general, despertando así su curiosidad y definiendo sus vocaciones u orientándoles hacia una buena definición. ¿Por qué no extender esta estupenda experiencia hacia toda la educación pública?

Hay, por cierto, muchísimo que hacer, pero lo ocurrido en estos últimos días es, sin duda, muy importante y esperanzador.

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